viernes, 23 de diciembre de 2016

Los que se vieron abocados al porno gratis

Ya os hablé en mi post anterior sobre lo duros que fueron mi comienzos en este país y cómo decidí salir adelante, y lo conseguí (también he de reconocer las circunstancias favorables que se me dieron, no debo lanzarme flores a mí mismo sin hacerlo. Pero hoy quiero contaros otras historias, no tan de gente que no tuvo tanta suerte como yo, y que se vieron abocados a buscarse la vida de maneras que no siempre eran las que elegían, pero a las que tuvieron que plegarse.


Concretamente, conocí la historia de un compañero de trabajo que también emigró y que, después de muchas dificultades, acabó en un antro donde practicaba sexo gratis. Se habla mucho de la prostitución y de la trata de blancas de centroeuropa, pero también la sufren muchos inmigrantes de otros países que lo único que buscan es ganarse dignamente el pan para llevarse a la boca y conseguir algunos ingresos para traer a su familia a lo que podría ser una vida mejor. Pero no siempre todo depende del esfuerzo y el trabajo.
Este hombre contaba que acabó en un club de alterne trabajando sólo por la comida, y teniendo que vender su cuerpo para hacerlo. Contaba historias increíbles de vicio y fornicación, pero lo que más lo marcó fueron sus experiencias de sexo familiar.
Sí, como lo leéis, fueron muchas las veces que este hombre se vio inmerso en orgías familiares, y otras tantas las que presenció escenas de sexo incestuoso: una madre follando con su hijo, hermanos follando entre sí, padres con hijas, tíos y sobrinas...
Decía entre risas y con un poco tono de broma que, la vez que más se impactó fue el día que le dijeron que tenía que hacer un trío con dos hombres, y que al entrar en la habitación se encontró con dos negros follando y con unas trancas que daba miedo verlas... En ese momento supo que no podía continuar así y que tenía que hacer lo que fuera para escapar de esa situación.
Por suerte sí que pudo salir de aquel lugar y de esa vida, aunque por supuesto no fue nada fácil, y será normal que le queden secuelas emocionales de por vida. Pero al fin, cuenta él, son cosas que pasan, y toda la angustia y la vergüenza quedan atrás cuando mira a su mujer y a sus hijas, a las que al fin pudo traer aquí y que ahora estudian y trabajan en un país, piensa él, mucho mejor del que dejaron.

No hay comentarios:

Publicar un comentario